lunes, 22 de julio de 2019



Vacaciones de invierno para quién?, no para el smartphone

Supongamos que nadie nos habla de adiccion de los niños a los videojuegos, y observemos a nuestro alrededor en situaciones cotidianas.

Estamos en un comedor, sea en casa o en un restaurant. Y que vemos? Familias con niños y niñas en que todos están mirando un celular. Mamá y papá viendo y enviando sus mensajes, y los niños entretenidos jugando cada uno con sus videojuegos en sus celulares, y los bebés de meses mirando un video. Tranquilidad total, incomunicación total, nadie conversa con nadie, y posiblemente no se dan cuenta de lo que están comiendo. Papas y mamás felices, han salido con sus hijos e hijas a "compartir" el almuerzo familiar. De pronto llega la comida y papá y mamá le quitan el video al bebé para que coma, y el grito y lloro llena el comedor, todo el mundo se da vuelta a mirarlos, y papá y mamá avergonzados por "la pataleta" le devuelven el video, ya se verá si algo come. Mamá o papá trata de conversar con alguno de los niños, pero no encuentran respuesta, están absortos y felices con el juego, en el que cualquier distracción significa perder puntos. Papá o mamá dice qué hay que guardar el celular para comer, y la cara del niño, antes feliz con el juego, ahora está molesta y " se amurra", o trama una pataleta, lo cual dura hasta que al niño se le permite volver al juego. Y todo vuelve a la normalidad  y tranquilidad en este supuesto "almuerzo familiar".

En la mesa del lado, por el contrario, nada es tranquilidad, todos conversan, mamá y papá hacen esfuerzos para "mediar" en discusiones fraternas acerca de quién tiene la razón en una u otra situación; de pronto un tema concentra la atención de todos, en que todos opinan y de pronto un recuerdo familiar hace que todos rían. En el intertanto, mamá y papá tratando de que los menores no generen problemas mientras corren entre las mesas, y llega el momento en que sacan de un bolso hojas de papel y lápices de colores, y la conversación se vuelca a lo que cada uno está haciendo. En paralelo, mamá y papá conversan, argumentan y hasta discuten con los hijo(a)s mayores acerca de situaciones familiares, o de colegios, o de deportes. Claro que este almuerzo no fue tan tranquilo que el anterior, pero claramente fue "un almuerzo familiar".

Cada cual tendrá su opinión respecto a esta descripción de un almuerzo de fin de semana, pero todos estaremos de acuerdo de que estas escenas las vemos cotidianamente.

Los que somos mamás y papás recordamos los recreos en nuestros colegios, momentos de pichangas, de correr, de conversar, "de pelusear", de caernos, de aprender a apoyarnos para no terminar con las rodillas heridas, de estudiar los apuntes para la prueba que viene, de leer un libro que nos prestaron, de debatir con nuestros compañero(a)s sobre deportes o política o fiestas o proyectos estudiantiles. Y llegar traspirados a la clase siguiente. Hoy, ya papás y mamás, vemos que en los recreos los niño(a)s están cada uno conectados a sus celulares, y, cuando están en grupos, muchas veces se trata de juegos grupales con el celular, poco se conversa, o se discute, o se corre, o se ríe.

Como mamás y papás, y también como educadore(a)s, y tratándose del desarrollo cognitivo, intelectual, emocional, social y recreacional de nuestros hijo(a)s, ambas situaciones son oportunidades aprovechadas o desperdiciadas para el desarrollo de valores humanos y del respeto por uno mismo y por los demás, del lenguaje, del pensamiento crítico, la creatividad, la curiosidad, del compartir, de la autoestima, del compañerismo.

Tratándose de esto último, veamos dos situaciones de una mañana de fin de semana. Una descansada y tranquila, leyendo el diario, viendo tv, haciendo arreglos en la casa, mientras los niño(a)s miran tv o juegan y comunican en sus celulares. Y otra más "agitada", llevando a los niño(a)s a sus entrenamientos o partidos de fútbol, o atletismo, o rugby, al karate, invierno y verano, y haciendo "turnos" cuando son varios niño(a)s; y llevándolos al cine, o al estadio, o al museo, o a ver a abuelos y primos, todas situaciones en las cuales el celular se usó para avisar que estamos bien o la hora de regreso.

Por supuesto que hay diferencias entre nuestros tiempos y los de ahora, en el almuerzo y en los recreos. Por supuesto que como mamás y papás llegamos cansadisimos y hasta malhumorados al fin de semana, y preferiríamos un sábado y domingo "tranquilo", y qué mejor que contar con la ayuda del celular y los videojuegos y la televisión. Por supuesto que un fin de semana "no tranquilo" es más agotador. 

Pero, quién dijo que ser mamá y papá hoy es fácil. Claro que no lo es, pero se trata de nuestros hijo(a)s, de sus vidas y de su futuro, no se trata de nuestra comodidad. A nuestros hijo(a)s los queremos y educamos nosotros, y de eso somos responsables nosotros, no el celular ni las redes sociales ni Internet ni los videojuegos. 

Nos nos quejemos después si el día de mañana el contacto de nuestros hijo(a)s con nosotros se reduce a un WhatsApp de vez cuando. Será su muestra de cariño, y debiéramos estar agradecidos, así los educamos.




Diario digital de España



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viernes, 28 de junio de 2019




Matinal Mega
Miercoles 26 de junio 2019


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